Somos polvo de estrellas: la carrera científica de la geóloga planetaria Adriana Ocampo Uría

J. Gabriel Cataño R.

Resumen


Aunque el gran novelista francés, Marcel Proust, sostiene que la obra de arte no requiere del conocimiento de la vida de los artistas para ser correctamente interpretada, porque aquella se basta a sí misma, es decir, que vale por lo que es independientemente de quien la produjo; y aunque, quizás lo mismo podría decirse de las creaciones de los grandes científicos –al fin y al cabo no necesitamos saber que Newton, por ejemplo, era un ferviente creyente para que su ley de la gravitación universal pueda ser aceptada por un ateo de tiempos postmodernos-, la científica colombiana, Adriana Ocampo Uría, que lidera desde hace varios años, desde la NASA, algunas de las más extraordinarias expediciones científicas emprendidas por la humanidad a lo largo de su historia, no deja escapar oportunidad para explicar que su brillante carrera científica se la debe en no poca medida a que de niña se alelaba en las noches mirando las estrellas lejanas y los planetas en la bóveda celeste, esos lejanos puntitos luminosos, que al igual que ella todos hemos visto desde la infancia, con fascinación.

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