Aguas blancas, selva verde

Ángela Posada-Swafford

Resumen


Esta es una oda a un río salvaje en Costa Rica que me encogió el corazón y me robó los zapatos. Un río que se salvó, hace rato ya, de una suerte fatal, para dicha de la humanidad. Cayendo de 1,148 a 262 pies en menos de 60 kilómetros, el Pacuare corta la selva central costarricense exponiéndola como una herida abierta que muere en la costa caribeña. Como un dios malhumorado y a la vez benévolo, el caudal es central a todo a su alrededor: a la existencia del turismo de aventura, al sustento de los campesinos y agricultores, a la fecundidad alucinante de la vegetación.

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